Se decía de Abba Netras, discípulo de Abba Silvanos, que mientras vivió en su celda del monte Sinaí se condujo con razonable moderación, teniendo en cuenta las necesidades del cuerpo. Pero cuando fue nombrado obispo de Faran, comenzó a exigirse duramente. Entonces su discípulo le dijo:

—Padre, cuando estábamos en el desierto, no practicabas esta clase de ascetismo.

El anciano le respondió:

—Allí teníamos el desierto, la paz (hesychía) y la pobreza. Quise cuidar mi cuerpo de tal modo que no enfermara y me viera en la necesidad de buscar lo que no tenía. Ahora, en cambio, hemos venido al mundo y estamos rodeados de muchas tentaciones. Por eso castigo mi cuerpo, para no dar muerte al monje que hay en mí. Y si aquí enfermo, habrá alguien que pueda ayudarme.